¿Dónde está la franja amarilla? Del autor William Ospina.


¿Qué significa ser colombiano? Una reflexión universitaria desde ¿Dónde está la franja amarilla? de William Ospina

Ser colombiano siendo universitario es, de alguna manera, llevar una doble carga: la de estudiar en un país que invierte más en guerra que en educación, pero también la de creer que el conocimiento puede transformar realidades. William Ospina, en su ensayo ¿Dónde está la franja amarilla?, no habla directamente de las universidades, pero su crítica social nos interpela como estudiantes: ¿qué hacemos nosotros, los que tenemos acceso a las aulas, frente a un país tan desigual?

1. La universidad como espejo de Colombia: privilegios y exclusiones

Ospina escribe sobre una nación dividida, y esa división también se vive en las universidades. Según el DANE (2023), solo el 22% de los jóvenes colombianos entre 18 y 24 años acceden a la educación superior. Los que estamos aquí somos, en parte, afortunados, pero también testigos de una brecha enorme: mientras algunos discutimos teorías de color  en bibliotecas con aire acondicionado, otros compañeros desertan por falta de recursos.

Esto conecta con lo que Ospina llama "la franja amarilla": la riqueza (el conocimiento, en este caso) está mal distribuida. ¿Somos conscientes de eso al recibir nuestro diploma?

Referencia:

  • DANE (2023). Informe de educación superior en Colombia.

2. ¿Para qué estudiamos? Entre el individualismo y la responsabilidad social

Ospina critica a una élite indiferente, y en la universidad a veces reproducimos esa lógica. Estudiamos para conseguir un buen empleo (que está bien), pero ¿y el país? Pensadores como Orlando Fals Borda, padre de la sociología crítica colombiana, decían que la academia debe "investigar para transformar" (Fals Borda, 1987). Ser universitario colombiano, entonces, debería implicar no solo acumular títulos, sino preguntarnos: ¿Cómo usamos lo que aprendemos para reducir la franja amarilla?

Ejemplos hay: las prácticas sociales en regiones marginadas, los semilleros de investigación sobre memoria histórica, incluso el simple acto de votar con conciencia.

Referencia:

  • Fals Borda, O. (1987). Ciencia propia y colonialismo intelectual. Carlos Valencia Editores.

3. La resistencia cultural: la universidad más allá de las aulas

Ospina celebra cómo el arte y la cultura nos salvan del pesimismo. En la universidad, esto se traduce en teatro estudiantil, colectivos de rap con letras críticas, o murales que reclaman justicia. Como dice la antropóloga María Victoria Uribe"la memoria en Colombia se lleva en la piel" (Uribe, 2008), y muchos estudiantes la llevan en sus proyectos.

Referencia:

  • Uribe, M. V. (2008). Antropología de la inhumanidad. Norma.

Conclusión: Ser universitario colombiano es un acto político

No somos solo "el futuro del país"; somos parte de su presente. Ospina nos reta a buscar esa franja amarilla perdida, y desde la universidad podemos hacerlo:

  • Investigando problemas reales (no solo para publicar papers).

  • Vinculándonos a comunidades (no solo haciendo caridad, sino escuchando).

  • Exigiendo que la educación sea un derecho, no un privilegio.

¿Y tú? ¿Cómo crees que los universitarios podemos reducir la franja amarilla?

¡Los leo en los comentarios!

¿Optimistas o escépticos? ¿Creen que nuestra generación puede cambiar algo, o es puro romanticismo?

Confiesen: ¿Han sentido ese peso de ser ‘privilegiados’ por estudiar mientras otros no pueden? ¿Qué hacemos con eso?

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